viernes, 2 de julio de 2010

Una cruzada por la lectura: Trazos para una política educativa en el acto de leer

Por. José Antonio Pulido Zambrano

La constante por leer es un privilegio, de allí que se comente que el conocimiento es poder. Días atrás finalizaba la lectura de un texto de Hubert Huertas intitulado La ciudad olvidada, una historia que narra la vida de Nanda, un conductor de rickshaw de la colonia francesa de Pondichéry, en el este de la India, que entre otros pormenores relata las vicisitudes que tiene que hacer para que su sobrina ingrese al contexto escolar y aprenda a leer y escribir, pero esta parte no conmociona tanto como al pasar de los años, la niña de 13 años decide expresar la siguiente frase, por más corta, conmovedora y hermosa por su contenido: “Mira, Nanda, te voy a enseñar a leer”. Y, de verdad la niña enseña a leer a Nanda y la lectura le cambia su vida por completo. La novela de Huertas (2008: 161) describe lo siguiente:

…la lectura era un mar. Se sumergía en ella encantado, sin saber que también allí uno puede ahogarse, que, además de con peces payasos, allí uno se cruza con tiburones blancos… Con semejante maestra y la orilla como aula, el rickshaw aprendió muy rápido. Se encendieron luces en su cabeza analfabeta. Detrás de la frente ya no tenía cerebro, sino fuegos artificiales, un cielo negro en el que las constelaciones titilaban con un millar de guirnaldas. Los niños escribían OCÉANO en la arena, la palabra se extendía en toda su amplitud y Nanda tenía que comprenderla antes de que el mar la engullera. Yaya, Caca, Papá (con su acento sobre la a), Mimo, Campo, Bota, Pelota, Mañana, Ayer. ¡Nanda competía con las olas! Se adentraba en los secretos del francés a grandes zancadas, descubría sus extrañas combinaciones, los sombreritos, los acentos, las cedillas, las consonantes…
Al volver de la playa, Nanda pedaleaba con frenesí y los carteles le revelaban sus secretos: Garaje, Bazar, Café, e incluso, delante de una especie de estadio donde los viejos jugaban con bolas de hierro, una palabra extraña: Petanca…
Anandita le proporcionó lecturas más complicadas. Cuentos. El treintañero seguía con el índice las desgracias de Caperucita Roja o los desengaños de Isengrin… la lectura lo había liberado. Había disuelto la prisión de los intocables… descifró los libros de su sobrina, pero Caperucita Roja, Pulgarcito, la Bella Durmiente, los Siete Enanos y Barba Azul, ¡todos ellos empezaban a surtir efecto! Las estanterías de las librerías, las pastas que había vislumbrado al pasar ocultaban pasajes mucho más recónditos, perspectivas mucho más alejadas, galerías que daban a pasillos que llegaban hasta el centro de la Tierra. Mil libros, mil países, mil aviones, mil cohetes, mil planetas.

Esa lectura de La ciudad olvidada rescata la esencia de lo que es la lectura. Anandita la sobrina de Nanda hace descubrir que los libros están conectados con la vida, que la lectura es útil al hombre, que la lectura permite la liberación de muchos prejuicios sociales y la expansión del concepto que cada ser humano tiene del mundo.
La lectura del texto de Hubert sirve de pretexto para reflexionar sobre ese proceso lector dentro del contexto social, sirve para revisar las políticas que el Estado presta a este concepto de leer. El diccionario de la Real Academia Española señala que leer es: “Interpretar, mentalmente o convirtiéndolos en sonidos, los signos empleados (en un texto escrito), Gralm. utilizando para ello la vista”. Pero la lectura va mucho más allá, y es lamentable apuntar que el Estado no ha comprendido la magnitud del problema, encajonando la lectura con el señalamiento común de “decodificar” el texto. La lectura no es eso, no es un simple rompecabezas de armar letras, sílabas, palabras, oraciones, párrafos. La lectura lineal de lo que dice el texto, sin comprender lo que dice el texto no lleva a ningún lado.
Nabokov (1997: 23) expresó que Flaubert en un momento de la historia escribió: Comme l´on serait savant si l´on connaissait bien seulement cinq á six livres (qué sabios seríamos si sólo conociéramos bien cinco o seis libros), quizá valga la pena esas palabras para invocar “qué sabios serían los hombres si el Estado procurara políticas de lectura por lo menos para comprender dos o tres libros”, porque la lectura es eso, comprender.
Por ello se ha observado en los últimos años una preocupación del Estado por publicar textos, por ejemplo; el caso de un libro diario, o sin ir muy lejos la Biblioteca Temática familiar que llegó a muchos hogares y escuelas, o la distribución de fragmentos del Quijote prologado por José Saramago o la distribución en expansión de Los Miserables de Víctor Hugo. Se aplaude estos pasos, pero el Estado cometé el error de repartir textos sin seguir el proceso de lectura de los mismos, muchos de ellos terminaron en papeleras ambulantes o en barcos de papel en el río Torbes. La realidad es esa.
A juicio de un análisis reflexivo, se plantea para su estudio cinco puntos donde el Estado debería profundizar el acto de leer, para que esa Cruzada que quiere darse a la lectura llegue a concretarse, estos serian: El uso de los medios como promotor de lectura, la capacitación de Promotores de Lectores a gran escala, la sensibilización de la familia en la práctica lectora, el docente lector y las Bibliotecas de lectura.


El uso de los medios como promotor de lectura

No hay que ir muy lejos, para saber que uno de los principales enemigos de la lectura son los medios (Cine, radio y televisión). Si es bien cierto que existen algunas individualidades que busca en el espectador u oyente, el despertar de una cultura social, en el mayor de los casos estos quijotes se pierden en ese laberinto de antivalores. El joven y el niño de hoy están más prestos a oír un Reggaeton a un poema recitado por Luis Edgardo Ramírez o La hilandera en la voz de Andrés Eloy Blanco.
En el caso del cine se tergiversan los relatos y el espectador se queda con una historia no tan real como la del libro, un caso para ejemplificar seria Troya, versión fílmica de La Iliada, donde se cuenta parte del libro pero se trastocan algunos personajes y secuencias que la película ensombrece el texto original. Es más, en Venezuela no hay un espacio de critica de cine, para que el venezolano promedio maneje una serie de particularidades para entender un filme, y su valoración para revisar el texto original de donde viene la historia, son raros los casos, como la serie de Harry Potter, pero que debido al espacio dado a esta historia los niños han procurado leer el texto, cosa que no ha sucedido en gran masa con El señor de los anillos.
Los medios en nuestro país son ajenos a promover la lectura, vasta ver los canales españoles, o yendo más cerca, los canales colombianos, donde los noticieros todos los días recomiendan un texto. Las misma Ferias Internacionales del Libro tienen poca publicidad en los medios, mientras que en países como Colombia y España, estos eventos tienen tanta importancia como la que se le dan a un partido de futbol o béisbol. Es más, para ejemplificar y observar la promoción de lectura en los medios de otros países, valdría señalar el caso de una presentadora de noticias de un canal colombiano, donde todas las noches, antes de recomendar el libro del día, lanza su slogan: “Porque hoy la cultura es noticia”.
Aquí en Venezuela, se escucha a los que están en el mundo cultural, señalando frases como: “La cultura es la cenicienta del Estado”. ¡Hasta cuando la cultura en nuestro país va ser una cenicienta! ¿Cuándo llegará aquel príncipe gallardo que le de puesto que se merece?


Capacitación de Promotores de Lectura a gran escala

Es este mundo tan amplio, que un ideal sería que existiesen muchas Ananditas para enseñar a leer con pasión, así como ésta enseñó a Nanda. Pero esto es utópico, pero no imposible. En los últimos días las noticias señalan como jóvenes se están capacitando como promotores sociales, para ir a resolver problemas en la comunidad desde el aspecto social. Aún cuando Andricaín y Rodríguez (2006: 2) señalan que:

“No hay recetas ni esquemas para lograr que se haga realidad, en un dos por tres, un estrecho vinculo emocional, intelectual y lúdico entre el niño y la lectura. Lograr tal conquista es posible, por supuesto, pero siempre a mediano o largo plazo, con esfuerzo y persistencia”

Sí el Estado procurase crear promotores de lectura, guiados por conocedores en el área, y comenzar esa cruzada de lectura con los niños de las aldeas, pueblos, barrios, urbanizaciones, edificios, en fin, se lograría un cambio total en el país, pues quien siembra en el niño de hoy esta creando el hombre del mañana. Ahora, nace la pregunta, ¿Y por qué no los adultos? La respuesta no es sencilla, más cuando esta reflexión empezó con un ejemplo de la ficción donde un adulto como Nanda empieza a leer a los 30 años. Los adultos de una u otra manera ya están viciados en la sociedad caótica donde se desenvuelve hoy día, como en el texto infantil: ¡Ahora no, Fernando! Donde un niño es devorado por el monstruo (llámese indiferencia) y le sustituye en su vida familiar, sin que los padres siempre absortos perciban el cambio. Porque los padres de hoy no tienen en muchos casos tiempo para sus hijos, muchos menos van a tener tiempo para leer con ellos. Así como existen "Cuidados diarios", podrían existir espacios para le lectura dirigidos por especialistas o promotores de lectura. Y a esto se une la idea de Andricaín y Rodríguez (2006: 2) al decir que: “leer es algo no sólo útil, sino entretenido y hermoso”.


La familia en la práctica lectora

En el último libro de Josefina Peña titulado La familia y la escuela en la formación de lectores y escritores autónomos hace una revisión exhaustiva de la contextualización del papel del niño lector en su entorno familiar, la autora nos presenta un cuadro de distintas formas de familias para que éstas contribuyan en este proceso. Y como bien señala Andricaín y Rodríguez (2006: 4) que: “los padres se relacionan con los niños antes que cualquier otro miembro de la sociedad. Ellos son, pues, los primeros promotores de lectura, los que siembran tempranamente (o no) la semilla del amor al libro”.
Por lo tanto, la familia es el medio más importante para la consolidación de un niño lector. Es la familia como célula fundamental de la sociedad donde el Estado debe hacer su primera inversión como semilleros natos del acto de leer.
El paradigma de este planteamiento es un tanto difícil, pues el mayor porcentaje de familias venezolanas plantean que sus ingresos no les alcanzan ni para comer, es decir, si mejoramos la calidad de vida de nuestras familias podría caber el espacio de la lectura en ella misma, haciendo verdadero el refrán de la abuela: “lectura con hambre no entra”.
Si uno de los problemas a los que se enfrenta la lectura es el socioeconómico el otro es de índole cultural. No hay cultura del libro en el país y si existe es un privilegio de pocos, de excepciones, de particularidades. Es el proceso hacia lo cultural que comienza por el vacío del concepto del libro en el hogar, es decir, la necesidad de la existencia de un espacio físico para los libros en la casa, pero, a veces en el hogar es mas importante un minibar que una biblioteca.
Si se crea el espacio y el habito lector en el hogar es seguro que se harán realidad las palabras de Andricaín y Rodríguez (2006: 5): “existen bastantes posibilidades de que un hijo de lector, lea libros”.
Los padres constantemente están prohibiendo cosas y los hijos terminan rompiendo las normas, pues al niño y adolescente no hay nada más grotesco que se les prohíba algo, pues están en la edad que quieren devorar el mundo, las familias deberían prohibir leer a sus hijos, quizás esto funcione para que desobedezcan a los padres y terminen leyendo.


El docente lector

Aún cuando hay que desconectar que la lectura es una carga exclusiva de la escuela y que la sociedad toda debe asumir un papel formador de lectores, el de crear un placer por leer, el de eliminar la lectura como evaluación, no se puede obviar la responsabilidad que esta tiene en el proceso lector, y esa carga cae en el docente.
Esa formación lectora debería comenzar con el docente que en la gran mayoría de los casos es quien falla en ese proceso, al crear en niños y adolescentes la animadversación por los libros, al imponer la lectura como castigo.
El docente que debería ser el primer lector es el primer analfabeto funcional de la lectura, pues carece de las competencias necesarias para abordar un texto, quizá no siendo el culpable, ya que el ha sido formado en una escuela conductista, memorística, castradoras de sueños y creatividad. ¿Cuántos de estos docentes no se formaron con textos de lecturas como proceso evolutivo con libros como: Angelito, Coquito, Jorge, entre otros? Pues en este contexto educativo la lectura nunca ha sido vista como goce, satisfacción, entretenimiento sino como el personaje malvado del cuento: “si no te portas bien te paso a leer”.
Otros de los aspectos que aleja al niño de la lectura, es enseñar la gramática desde la literatura, es cierto que hay que valorar el trabajo de Bello pero el lector moderno busca significados y comprensión del mismo, no como se construye la palabra, eso se lo dejan a los especialistas de gramática. Al niño y al joven hay que enamorarlo con el libro, pero una “lectura totalitaria” no sirve pues los intereses lectores son varios, no sólo puede darse a leer al Quijote y Los Miserables, pero el Estado ha fallado pues en sus políticas no se pregunta al lector, el protagonista desde un principio es excluido. Porque es falso de que el venezolano no lee, lo que pasa es que los intereses lectores son otros, por ello un plan nacional de lectura, debería comenzar por la formación de promotores de lectores, donde el lector lea de todo, desde una revista de Variedades, un manual agrícola o una novela de Rómulo Gallegos, es darle uso a la lectura, si la lectura es útil al hombre la lectura entra, eliminando aquel viejo proverbio de que “la letra con sangre entra”.
Si se logra promover el docente lector, éste comentará sus lecturas con los estudiantes, haciendo del acto educativo un dialogo fructífero y enriquecedor. Lograr que cuando un niño o adolescente al terminar la lectura de una obra converse sobre la misma sin verse sometido a un interrogatorio o un examen, porque si un docente no lee, le será difícil convencer a su estudiante de que leer es algo útil y agradable.
Siempre al estudiante se le premia con una medalla, si se utiliza el libro como un premio, hará ver en él que el ganarse un texto es un estatus dentro de lo social.


La biblioteca de lectura

La biblioteca como espacio de lectura es una falacia, pues este recinto se ha transformado en el lugar de buscar una información de una cátedra específica, pero el sentido de promoción de lectura como tal no existe. Los bibliotecarios perdieron la esencia del gran escriba Manethon, el gran bibliotecario de la biblioteca de Alejandría, el de acompañar al lector en la búsqueda del libro.
Por otro lado la biblioteca es un lugar a donde se va por necesidad no por pasión, pues las estrategias de lectura aplicadas por el Estado siempre han estado desconectadas de una realidad social, pues como explica Rodríguez (SF: 10): “el acto de leer no se enlaza con la vida de los hablantes, porqué no se transforma en una practica generalizada porqué no se constituye en una segunda piel”. El bibliotecario ha desfasado su perfil de promotor lector recargando su trabajo en el área administrativa y por eso ocurre que cuando un usuario va a la biblioteca se encuentra en un capitulo de Cien años de soledad, en nuestro amado Macondo, cuando las cosas carecían de nombre y para conocerlas había que señalarlas con el dedo.
Barthes (1997: 40) expresa que: “la lectura aún no ha encontrado su Propp o su Saussure; esa deseada pertinencia, imagen del alivio del sabio, no ha sido hallada, al memos de momento”. Esta reflexión la realiza este autor para hacernos ver que la lectura no se busca con un bisturí, no hay que hurgar en ella, la lectura hay que sentirla, gozarla, disfrutarla, degustarla.
Mas adelante señala Barthes que en el dominio de la lectura no se da la pertinencia de los niveles. Sí es verdad que hay un origen en la lectura grafica, es decir, el aprendizaje de las letras, así como hay lectura sin aprendizaje (las imágenes), ya no se sabe donde detener la profundidad y la dispersión de la lectura. En ese proceso lector el autor señala dos rechazos de la lectura, uno, el que la sociedad imponen lecturas que excluyen, el señala “hay que haber leído” el ejemplo mas claro seria si un niño en nuestra época no ha leído Harry Potter, según el planteamiento de Barthes, no es un buen lector porque no ha leído el libro de moda, y esto excluye y causa rechazo de lectura. Por ello el aclara: “la libertad de lectura, por alto que sea el precio que se deba pagar por ella, es también la libertad de no leer”.
El segundo rechazo es el de la biblioteca, pues ésta por su propio estatuto crea en el usuario que el libro deseado tiene tendencia a no estar nunca en ella, y al final la biblioteca es demasiado grande y demasiada pequeña siempre, en este caso, la ley, la castración, es la misma profusión de libros que hay en ella.
En este orden de ideas Barthes plantea que la biblioteca es un espacio que se visita pero no se habita. Por ello es que la biblioteca dejo de ser un lugar de lectura ideal, y debería haber dos palabras diferentes, uno para el libro de biblioteca, otro para el libro de casa. El espacio domestico (y no publico), retira del libro todas su función de aparentar social, cultural e institucional.


Para cerrar con ritmo de Jazz

El proceso de leer es amplio, y para empezar a leer se debe tener una gran sensibilidad, pues como señala Nabokov (1997: 28): “si el aspirante a lector carece por completo de pasión y de paciencia – pasión de artista y paciencia de científico -, difícilmente gozara con la gran literatura”.

Referencias bibliograficas

Andricaín. S. y Rodríguez. A. (2006). En busca de un niño lector. El buho Revista
Virtual sobre libros y bibliotecas. Consultado en la red el 3/ 1/ 2006. 9 p.
Barthes, R. (1997). El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura.
Paidos. España.
Diccionario Real Academia Española. (2007). Real Academia Española.
España. 820 p.
Huertas, H. (2008). La ciudad olvidada. Grijalbo. España. 409 p.
Rodríguez, P. (S/F) ¿Política Nacional de Lectura? Meditación en torno a sus
límites y condicionamientos. Documentos Nº 7 de Fundalectura –
Caracas, Venezuela.

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